viernes, 7 de mayo de 2010

Nadie es imprescindible salvo uno mismo.







No siempre puede ser todo precioso siempre, de color de rosa. No siempre tenemos el valor de enfrentarnos a ciertas dudas, posibles fracasos. No siempre vemos más allá de nuestras narices, e incluso a veces, nos preocupamos de la felicidad de los demás sin importar en absoluto la nuestra. No siempre podemos ser tan buenos como deberíamos, ni tan malos como podríamos ser.

No siempre podemos decir lo que pensamos, pero tampoco debemos callarnos siempre. A veces sientes que estás solo en el mundo, que nadie puede entender tu situación. Nadie puede entender las cosas que pasan por tu cabeza, tus rayadas. Tus preocupaciones y tus ilusiones.

Dificultades sí. A veces crees que no hay nadie. Nadie que te aprecia realmente, nadie con quien ahogar penas, nadie con quien compartir lo que nunca has dicho.

Pero, afortunadamente, siempre hay alguien que sí. Alguien que, yo, no sé como explicar lo que significa para mi.
Irene. Irene y yo hablamos bastante menos que antes. Irene y yo ya no somos como éramos antes. Irene y yo discutimos un poco más que antes. Pero..
Irene y yo nos queremos muchísimo. Irene y yo nos complementamos la una a la otra. Irene y yo nos ayudamos, entendemos. Irene siempre está ahí para mi, y yo ahí para ella. Y estará. Irene y yo tenemos millones de cosas de las que hablar. Irene y yo nos apoyamos mutuamente en los peores momentos de todos. Yo le echo la bronca, y ella me echa la bronca a mi por idioteces. Me ayuda a pensar :), me ayuda a desahogarme, me ayuda a saber que hacer. Me da buenos consejos, y siempre, sabe lo que decir en el momento justo.
Irene es especial, es un mundo a parte. Es cariño, es abrazos, es estar ahí siempre, es sinceridad. Es amistad. Es confidencias. Son secretos. Son momentos, son lágrimas. Es IRENE, simplemente. Es increíble.

Son abrazos que lo dicen todo, y echos que demuestran que de verdad importas. Que de verdad te quiere.

Pero no con palabras. No por decir 1000 veces "te quiero", vas a querer más o menos a alguien.
Las palabras, sí. Pero acompañadas de hechos, acompañadas de pequeños gestos, una mirada, una sonrisa, una lágrima que cae. Emocionarnos, llorar juntas. Llorar de verdad, de jodida tristeza. De falta, de añoranzas. De todo un poco. Y luego mirarnos, esas miradas que hablan por si mismas. Que con mirarnos a las ojos durante dos segundos podemos describir el estado de ánimo, la una de la otra.

Lo sabemos todo, la una de la otra. Y no hace falta más si ella está ahí. Nada más.
Todo lo que hemos vivido, lo que nos queda por vivir, lo que nos queda por aprender y por enseñarnos la una a la otra. Por todas nuestras discusiones, todas nuestras tonterías. Cada idea que se nos pasa por la cabeza. Todo lo que nos queda por compartir, Gracias por ser tan grande. Gigante, enorme.

Cuesta pensar que algún día ni siquiera nos acordaremos la una de la otra, si. Pero mientras así sea, durará para siempre.

Amistad Irene, y que te dé igual lo que el mundo te diga. Que te de igual lo que sientan, lo que piensen. Lo que odien de ti. Las envidias, da igual. Ante todo estás tu. Ante todo y sobre cualquier cosa






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